Mariluz Secilla Souto: Otros libros de la autora

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Rastrojos de mí misma

En este libro los poemas muestran la primera fase de abandono del aislamiento que se impuso a sí misma la autora y a su vez favorecido por la estructura social.

No soy yo

quien me aniquila vorazmente,

sino yo en soledad

soy la que transpiro

como un enorme animal enjaulado

 

Nefoé

Es un poemario feminista creado desde el imaginario colectivo de las mujeres y el primer ejercicio en la reversión de la violencia simbólica en la literatura.

Perséfone

se va a partir las rodillas en el suelo

volverá su pelo enmarañado, a sus manos descosido

postura de animal, sobre cuatro patas, rabia, rabia

A pelear a la cocina, a discutir al dormitorio

a voces hay que apagar las luces, es de noche

 

La ciudad gris

Como una ciudad construida bajo el mandato de la abeja reina capitalista, cada poema es un trocito de una colmena donde las personas se adivinan pero no llegan a verse y rumian para adentro su individualismo. También es el primer acercamiento a la creación de poesía expresionista por inspiración y en homenaje a Chagall, Kandinsky y Klee.

Ha mecido los dedos alrededor de una nuca

como se postra su gemido, a veces el amarillo mortecino

de una espátula, es el tesoro a mordisquear en las horas

y en el traqueteo de un asiento mugriento

que se agarra a no caer de bruces

y la bolsa llena de bártulos

 

No hubo bailarinas

Volver a la infancia y que la amargura de los ochenta no impregnara todo el poema, se convirtió en un ejercicio literario que aunó dos trabajos: culminar el proceso de experimentación con la poesía expresionista y fomentar el recuerdo de que en espacios diferentes, en ciudades diferentes otras personas también sufrían los embates del capitalismo.

Las avionetas azules lanzaban las cartulinas a través de una reja con los

alambres negros como un colorete chamuscado

por las cerillas de estudiantes que a las veces ungían sus crestas

como desnudaban las chorreras en sus largos aros de impotencia

mascullada entre silbidos

                                    y taconazos

y los agujeros en los pantalones como advertencia de la vida arrodillada